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SOY GIMNASTA

(ARTÍCULO RECUPERADO DE MI ANTIGUO BLOG)

Tras varias temporadas estudiando de cerca este deporte, hablando mucho con entrenadoras, padres y gimnastas me he atrevido a escribir esta pequeña carta abierta, extrayendo lo que muchas palabras, gestos y reacciones querrían decir y que la mayoría de ocasiones acaba por no salir de la boca de las niñas.

Espero que os guste. Apliquémonos el cuento.

 

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Sí, la gimnasia rítmica es mi deporte; y es un deporte distinto. En la gimnasia no es suficiente con entrenar dos o tres horas a la semana; más bien son las que entreno cada día.

Mi deporte no es como los demás. Si bien compito contra otras compañeras, aquí no sólo me basta con ser más rápida, más fuerte, o marcar más puntos o goles, aquí a quién valoran es a mí, y a mi conjunto. ¿Sabes? A veces eso se hace difícil de llevar. Yo diría que es una presión añadida, no es solo ganar o perder, es sentirte juzgada y con la necesidad de hacerlo siempre bien para que todo mi trabajo de los entrenamientos no acabe siendo un fracaso al recibir una baja puntuación.

El más mínimo fallo cuenta demasiado en el resultado final, y estoy aprendiendo a entender que es así, y que sólo el trabajo, la ilusión y la aceptación de lo que consigo o no puede ayudarme a ser feliz en este deporte.

Hago llegar al límite a mis músculos y articulaciones, y muy a menudo también a mi capacidad de sufrimiento, mi concentración y mis fuerzas. Así que querido lector, querido papá, mamá y entrenadora; os pido que me entendáis.

La que practica gimnasia soy yo.

Papá, mamá… sé que sufrís, que os emocionáis y que os divertís conmigo. Pero la que está en el tapiz soy yo. La que siente las miradas clavadas en cada movimiento que realizo y quiere hacerlo bien soy yo. Recordad que esa ya es suficiente presión. Necesito vuestro apoyo, vuestra mirada cómplice y vuestro abrazo; sea cual sea el resultado. Aunque a veces se os pueda olvidar, sé que casi nunca es así, y os doy las gracias por ello. Por eso y por todo vuestro esfuerzo que me lleva hasta donde estoy: entrenamientos, maillots, competiciones, aparatos… GRACIAS.

Querida entrenadora… te admiro y eres importante para mí. Por eso me influye tanto todo lo que me dices, y lo que no me dices pero puedo ver en ti. Trato de dar lo máximo ante cada una de tus propuestas y correcciones. Pero entiéndeme también. A veces no consigo comprenderte; otras no me sale, y otras, simplemente estoy cansada o tengo un mal día. Te aseguro que quiero mejorar y esforzarme pero no siempre consigo dar el 100%. Dame un minuto para respirar, para despejarme o desahogarme, y te prometo que volveré con los ánimos por las nubes y verás mí mejor yo. Ayúdame a reencontrarme con mis mejores momentos y acompáñame a conseguir esos con los que tantas veces sueño. Te lo agradeceré siempre.

Amo este deporte, es mi vida y quiero seguir practicándolo durante mucho tiempo. Así que, por favor, ayúdame a hacer mi sueño realidad. Pregúntame, sigue ahí a mi lado como lo has hecho hasta hoy, y recuerda: la gimnasta soy yo; y eso significa que a veces, no pensaré ni sentiré lo mismo que piensas o sientes tú. Solamente trata de entenderme. Prometo que yo, haré lo mismo.

Gracias por estar siempre ahí.

 

¿Qué he aprendido hoy en un torneo de gimnasia rítmica?

Esta mañana he vuelto después de unos meses, a poder disfrutar de un torneo de gimnasia rítmica. Suelo hacerlo cada vez que puedo, para acompañar a las niñas del Club Oleza de Orihuela, con las que trato de hacer un seguimiento siempre que podemos, desde la perspectiva del coaching deportivo.

Aprovechando que he encontrado un buen sitio en la grada desde donde podía ver y escuchar muchas cosas además de presenciar el gran trabajo de las gimnastas, he decidido emplear las horas que he pasado allí para aprender un poco más, y formarme o actualizar, mi percepción sobre este deporte. Y si os parece bien, me apetece compartirlo con vosotr@s. Sé que hago mal en generalizar, pero recordaos que tan solo es mi percepción. Aquí os dejo otro artículo en el que reconozco el sacrificio de las gimnastas y todo lo que competir en esta disciplina conlleva.

En primer lugar, y para mi sorpresa, la gimnasia rítmica, deja de ser cada vez más, un deporte exclusivamente femenino. Habrá quién esté más o menos a favor de incluir las categorías masculinas, pero dejando a un lado lo que cada un@ pueda pensar acerca de las diferencias entre “lo bonito” que se ve un ejercicio ejecutado por un hombre o una mujer, me ha encantado ver que cada vez son más los chicos que practican este deporte. ¡Y qué bien lo hacen, oye!

La cosa no acaba ahí, la grada estaba… ¡llena de padres! Sí, sí, de padres, género masculino. Ya no son sólo las mamás las que acompañan a l@s gimnastas, si no que cada vez veo a mas papis cargados de cámaras de foto y vídeo, además de fundas de aros, pelotas y perchas con maillots.

Mi sorpresa desde la perspectiva del público ha sido continua, porque entre esos familiares, me he encontrado también con muchos papás y mamás tatuados. Os parecerá una tontería, pero para mí no lo es; parece que el elitismo va quedando a un lado, que lo importante queda un poquito más profundo que la ropa y la piel, y que nuestra sociedad por fin, empieza a ser más tolerante, ¡que ya era hora!

Como nota de color, y nunca mejor dicho, acompañando a los habituales cánticos, gritos y aplausos hoy ha resonado un bombo, como los que de vez en cuando nos encontramos, pero esta vez más especial si cabe, ¡de color rosa! Simplemente… me ha hecho gracia 🙂

Ante cada dificultad, ante cada final o buena ejecución de un ejercicio, el público suele aplaudir con gran entusiasmo. Sin embargo, tanto hoy como en otras ocasiones, echo en falta un poquito de apoyo a es@s gimnastas que acaban sus ejercicios de forma poco brillante, con muchos errores, o con pocos, pero graves. Sus ánimos están a la altura del tapiz, y justo al concluir, cuando las emociones se agolpan en sus interiores y la presión empieza a decaer, en ese preciso momento, en el que más necesitan sentir el apoyo y el calor de los que lo rodean, los aplausos tienden a sonar apagados, insatisfechos o apenados. Recordad que en esos momentos, justo en esos momentos, ¡es cuando más nos necesitan!

Supongo que es cosa del karma, pero para compensar esto que acabo de contaros, y callarme un poco la boca, una de las mayores ovaciones de hoy, se la ha llevado un niño al que se le ha escapado la pelota fuera del tapiz justo segundos antes de finalizar su ejercicio. A pesar de las penalizaciones por la salida e ir a recogerla, hoy se puede marchar orgulloso de tod@s y cada un@ de los que con sus aplausos, palabras y ovaciones le han dado un empujoncito a su moral. Gracias a tod@s por contribuir a que su error fuese mucho menos grave.

Por último, y acabando ya, una reflexión más, que casi haría extensiva en parte al resto de deportes, en los que l@s niñ@s deberían ser l@s protagonistas.

La grada parecía estar llena de entrenadores y entrenadoras, de jueces que no ejercen y sabios y sabias de la compleja disciplina de la gimnasia rítmica. Y de verdad, es algo que como padres, “deberíamos hacernos mirar”.

La gimnasia ya es lo suficientemente difícil para que la compliquemos más. En la competición, no sólo basta anotar un tanto, o ser más rápido o más fuerte como en otros deportes, aquí no. Aquí esa personita que se coloca en un tapiz esperando un pitido para hacer lo que más le gusta, se somete a la presión de ejecutar cientos de movimientos en un cortísimo espacio de tiempo,al ritmo de la música, para ser juzgad@.  El componente subjetivo de la valoración de l@s jueces ya es suficiente presión para l@s gimnastas como para que el resto del mundo centremos nuestra atención en valorar cómo lo hacen, si otr@s son mejores, van más guap@s, han gastado más o menos dinero en su maillot, o su moño o maquillaje está mejor o peor hecho. Se nos olvida lo más valioso: son niños y niñas, jóvenes, realizando actividad física, el deporte que más les gusta, aprendiendo a esforzarse cada día más, a sufrir por conseguir sus sueños, expuestos a una valoración que a veces ni tienen edad de entender, sujetos a una gran disciplina y esperando al terminar, vuestro abrazo, reconocimiento y comprensión.

Señoras y señores; eso es lo más importante.

 

Felicidad y bienestar: cuestión de equilibrio.

No soy persona de extremos. No me gusta lo mucho ni lo poco, prefiero lo intermedio. Ni todo ni nada, pero sí un poco de todo, y un nada de todo. Como el yin yang. Esa dualidad de extremos que se encuentran en todas las cosas y se complementan entre sí. Así concivo la vida. Así consigo sentirme bien. Y ser más feliz.

En lo equilibrado encuentro resultados, paz y movimiento. Ir de un extremo a suele causarme descontro, o me para en seco. Prefiero fluir en esa línea en la que las fuerzas se complementan y equilibran, y todo discurre de forma más natural. Sin prisa, pero sin pausa.

Uno de los ejemplos que puedo ponerte es el relacionado con esta moda que tanto nos meten por los ojos, la healthy life o vida sana. Una obsesión por la actividad física y las dietas que en su extremo, puede ser tan perjudicial como el no hacer nada. Ni ultramaratones, ni interminables jornadas de sofá y televisión. Ni dieta estricta a base de lechuga, aire y agua, ni un continuo devenir entre restaurantes de comida rápida. Mejor actividad física suave o moderada de forma habitual y una dieta equilibrada, con sus consecuentes caprichos ¡claro que sí! Lo que te digo, cuestión de equilibrio.

Para tu bienestar, tu paz interior, tu estado de ánimo, más de lo mismo: Tiempo para los demás, para compartir, para conversar, para divertirte y desconectar. Y tiempo para tí, para escucharte, para conocerte, para cuidarte, para conectar.

Con el trabajo, ni que decir tiene… no se es más productivo estando mil horas frente al ordenador o en tu puesto de trabajo. Pero tampoco es solución acogerse a la ley del mínimo esfuerzo. Los éxitos requieren trabajo, por supuesto, sin embargo no es necesario que sea desmedido. Es más bien, cuestión de constancia.

Y es que nuestro refranero tiene mucha razón: “Arrancada de caballo, parada de burro”. Si lo piensas, es probablemente el día a día de muchos de nosotros. Querer todo ¡ya!. Y no conseguir nada, ni ahora, ni luego. Por eso, esa búsqueda de continuidad, de compensar fuerzas, trabajo e ilusión, y organizarlas de forma que puedan mantenerse en el tiempo de la forma más prolongada y posible, nos acerca a lo que queremos de un modo más sencillo.

Así que ya sabes. Equilíbrate, planifica, y déjate fluir en el camino. Lo que comienza con idas y venidas de un extremo a otro (error/acierto, penas/alegrías, movimiento/estancamiento) acaba confluyendo en un trayecto mágico llamado vida, convirtíendote en una persona más sabia, más experimentada, y más feliz.

Y si quieres ser de l@s de matrícula de honor, haz caso a lo que dijo Gandhi, “la felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, lo que uno dice, y lo que uno hace, están en armonía.”

Ahí lo dejo…

 

Si yo cambio, todo cambia. #cosasserias

Porque puedes ser el cambio que quieres ver en el mundo. Porque si cambias, todo cambia a tu alrededor. Y porque llegar es cuestión de querer, y dar el primer paso.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=ZEfeX6JmhKU&w=640&h=360]

Reto: ¿24 horas sin quejarte?

Este es un vídeo lleno de CAUSALIDADES.

De un vídeo que sí estaba planeado y una publicación en Facebook nació la idea de compartiros el reto con el que me encontré. ¿24 horas sin quejarte?

Te aconsejo que hagas la prueba, no sabes lo bien que duerme un@ después de todo un día sin quejarse 😉

Aquí os dejo el link de la iniciativa original.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=uoQht4WraZo&w=560&h=315]