Coach profesional deportivo certificado por AECODE. Experto en coaching en las organizaciones deportivas. Formador y speaker.

¿La Calle Felicidad?, por favor.

Escrito en 2012. Vigente a día de hoy. Y siempre. Espero que os guste.

Soy nuevo en el barrio. Llevo apenas unas horas aquí y quiero vivir en la Calle Felicidad.

Decidí mudarme hace algunos días. Siempre he vivido en esta ciudad, pero en una zona distinta. Nací, en la Calle del Conformismo. Creo que he pasado demasiados años allí. No puedo quejarme de cómo han ido las cosas, pero desde hace tiempo sentía que necesitaba un cambio.

He estado de alquiler en la calle Complacencia, en la calle Quizás mañana y en la Plaza de los No Puedo. En ninguna de ellas he encontrado lo que realmente buscaba; creo que sólo conseguiré mi sueño si consigo una parcela en la calle Felicidad.

Llevo dos días alojado en el Hotel de la Esperanza. Es barato y céntrico. Sirven desayunos de ilusión y descansas en camas con almohadas de tus sueños. ¡Es genial!

Aun así, no puedo quedarme aquí demasiado tiempo. Dejé mi trabajo para encontrar algo mejor, y aunque tengo algunos ahorros, debo invertirlos en mi nueva casa, que hoy, un día más, salgo con la intención de encontrar.

Después de un café cargado de buenas intenciones salgo de nuevo a continuar con mi búsqueda. Como los días anteriores salto a la calle ya cargado con mi maleta. En el caso de encontrar mi destino, prefiero no tener que volver al hotel a por ella.

Abulta un poco y es pesada. Llevo bastante ropa, el dinero, algo de comida y muchos recuerdos y todos mis deseos.

Comienzo a recorrer las calles una vez más. Algunas de ellas ya me suenan, otras, tan sólo por el nombre, me inspiran tan poca confianza, que incluso prefiero no pasar por ellas.

Calle Indiferencia, calle Ignorancia, calle del Olvido, de la Mentira…

Al girar en una esquina, entre las calles de la Suerte y la Desdicha tropiezo con un serio señor que andaba camino a casa con su ración de prensa diaria bajo el brazo.

Aun observando su seco semblante e intuyendo en cuál de las dos calles vivía y cuál podría ser su respuesta, decidí preguntarle:

Disculpe, ¿sabe dónde queda la Calle Felicidad?

Ja ja ja. Otro que se equivoca de barrio. Esa calle no existe muchacho. Yo de ti no insistiría mucho en encontrarla, no la busques, no preguntes. No está aquí. Muchos venís en su búsqueda, y todos se marchan al fin. La calle Felicidad es un mito, simplemente un sueño de muchos que nadie consigue encontrar.

Gracias caballero. Yo no soy como todos los demás. Seguiré intentándolo. Gracias de nuevo. Le deseo un buen día.

Seguí caminando. Plaza de la Vida, paseo de la Amistad… ¡Todo parecía encaminarse!

Allí mismo me encontré con alguien que paseaba su perro, y que me sonrió al verme cargar con mi pesada maleta. Pensando que pronto daría con mi destino, no dudé en preguntarle:

La Calle Felicidad, ¿por favor?.

Sí, la conozco. – Contestó con cierto aire de soberbia-.

– ¡Por fin! – Pensé yo-.

Pero en un solo instante, mientras su ceño se fruncía y sus palabras salían de su boca, me dí cuenta de que no era todo como me pareció en un principio.

Esa calle… esa calle está demasiado lejos para ti. Yo diría que es prácticamente inalcanzable. Yo mismo he intentando muchas veces llegar, y siempre he acabado perdiéndome.

Mi primera intención fue la de contestarle: “Muy bien, quizás yo no sea tan torpe como usted…”. Pero respiré hondo y volví a preguntarle:

Aun así, ¿sería tan amable de explicarme donde queda la calle Felicidad?

El señor, a regañadientes, comenzó a explicarme:

Bueno, tu mismo. No la encontrarás, pero… si deseas peder tu tiempo… Desde aquí coge la Avenida del Trabajo, es larga, cuesta arriba y llena de semáforos. Te llevará recorrerla bastante tiempo. Al acabar encontrarás una plaza, la Plaza de la Ilusión, ni siquiera entres, quedarías allí imaginando todo aquello que deseas, y perderías todo el día. Toma la primera a la derecha, es la Calle del Dinero, no sabría explicarte… pero también será larga de superar.

En la sexta a la derecha, gira hacia la Avenida de la Salud, esto seguro de que te costará recorrerla. En ocasiones todo parece perfectamente limpio y asfaltado, pero pronto tropezarás con socavones, alcantarillas y algunas vallas por las dichosas obras del ayuntamiento. Si lo consigues, al final encontrarás un cruce. A la derecha, Calle del Desamor, a la izquierda, la del Amor. Obviamente debes tomar la de la izquierda.

Dudo que también seas capaz de llegar al final de esta. Lo ideal es recorrerla acompañado, y ya veo que tu viajas solo… – me dijo mirándome de pies a cabeza -. Girando a la derecha en la primera está la Cuesta de la Superación. Ya sabes, andando, y con esa maleta… tu mismo…

Si consigues llegar hasta arriba, entrarás directamente en la Plaza de los Sueños. Creo que la Calle Felicidad no queda demasiado lejos. Si eres capaz de encontrar la plaza pregunta y alguien te guiará. Cerca de allí se encuentran la Avenida del Éxito, el Parque de los Sueños Cumplidos y el Bulevar del Verdadero Amor. He oído hablar de todos ellos, pero nunca he estado, así que tampoco puedo ayudarte mucho más.

Muchas gracias. – Le contesté -.

Aquel, me pareció un recorrido demasiado largo. No dudaba en que conseguiría llegar a mi destino, pero seguía pensando que debía ser mucho más fácil. No podía ser una tarea tan ardua y gris encontrar mi hogar soñado. Probablemente existía un camino mucho más corto.

Continué caminando y pronto tropecé con un joven que fumaba un cigarro apoyado en un coche.

Perdona chaval, por casualidad no sabrás donde queda la calle Felicidad ¿verdad?.

– Claro que sí. Yo mismo puedo llevarte. Sube y estaremos allí enseguida.

– ¿Qué?, ¿sabes donde está y quieres acompañarme?, ¿llegaremos pronto?.

– Por supuesto, pero nada es gratis en esta vida caballero, contestó. Suba y negociemos el precio, el camino es largo, pero no le cobraré demasiado.

Estuve apunto de acceder, pero miré mi reloj, y no era tarde. Confié en que llegar a aquel lugar no podía ser tan difícil y costoso, ni mucho menos imposible, y además, había algo de lo que estaba totalmente seguro. No iba a pagar por ello. Siempre he pensado que el camino a la Calle Felicidad es gratis; así que decidí continuar con mi búsqueda.

Agradecí al muchacho su ayuda, tomé algo para saciar el hambre que había comenzado a inquietarme y seguí mi camino.

Ningún plano, ninguna indicación, nadie que me diese alguna premisa que me ayudase a encontrar la calle donde iba a establecer mi nuevo hogar.

Eran ya las cuatro y media de la tarde. Con bastantes grados de calor incluso a la sombra, cuando algunas gotas de agua cayeron sobre mi cabeza.

Justo encima de mi, una simpática señora cantaba mientras regaba sus geranios que lucían al sol.

No me lo digas, buscas la Calle Felicidad. – Me dijo inesperadamente. –

¡Sí! , ¿ acaso sabe usted donde está? .

Pues claro, ahí, tras la esquina, o al final de esta calle, o junto a aquella plaza. También al girar a la izquierda, o poco después de ese jardín que ves a tu derecha. La calle felicidad está donde tu quieras que esté. Sólo has de desear encontrarla con todas tus fuerzas, y dirigir tus pasos hacia allí. ¡Que tengas suerte!

Y se retiró hacia adentro retomando la misma canción.

No lo dudé ni un instante. Cerré los ojos, respiré profundamente y dí el primer paso. Los demás, vinieron solos, se encaminaban hacia mi destino sin más.

En pocos minutos tropecé de frente con un gran cartel que decía:

BIENVENIDO A LA CALLE FELICIDAD.

Si has llegado hasta aquí, es sólo gracias a TI. TU eres quien hace el camino con tus propios pasos, el que decide a dónde ir, y hasta dónde llegar. Disfruta tu estancia; ojala sea para siempre.

Y si algún día te pierdes, no te preocupes. Volver será tan fácil como tu desees que lo sea.

Hoy te escribo desde el balcón de mi nueva casa. Desde aquí siempre puedo ver brillar el sol, incluso cuando llueve. Paseando he descubierto que de verdad quedan muy cerquita la Avenida del Éxito, el Parque de los Sueños Cumplidos, y el Bulevar del Verdadero Amor. Cada día intento dedicar un poco de mi tiempo a disfrutar de cada uno de ellos.

Ven cuando quieras. Ya sabes cómo llegar.

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