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¿Por qué tu pretemporada debe ser diferente?

Cada temporada los deportistas individuales, los equipos… damos comienzo a esta primera etapa con ilusión, energía y muchos propósitos. Sin embargo, año tras año la rutina se apodera de nosotros y la pretemporada suele convertirse en un trabajo muy parecido al del año anterior. Preparación física por un tubo, principios técnico-tácticos y pequeñas modificaciones que poco suman a la hora de buscar un cambio sustancial. Recurrimos a la metodología a la que estamos acostumbrados, tiramos de planificaciones teóricas y acabamos olvidando cual es nuestro objetivo real.

Si nuestros objetivos este año han cambiado, si queremos conseguir logros distintos, ¿no deberíamos hacer algo diferente?

Este año, en tu pretemporada, CAMBIA ALGO.

Seas deportista individual, jugador o entrenador el coaching puede ayudarte. Y como eso es lo que queremos, “echarte una mano”, vamos a dejarte algunos tips que pueden servirte de ayuda en la planificación de esta pretemporada. Un proceso de coaching consiste básicamente en analizar dónde estamos, recopilar todos nuestros recursos y ponerlos en marcha para llegar finalmente a nuestro destino. Así que para empezar, se realista y plantéate ¿dónde y cómo estoy? ¿adónde quiero llegar? ¿qué tengo para conseguirlo? ¿y qué me falta?.

Veamos qué cambios puedes aplicar desde HOY. Quizá ya utilices algunas de estas técnicas, si es así, ¡enhorabuena! y si no… ¿a qué estas esperando?

  • Formula objetivos. Deben ser realistas, alcanzables, medibles y retadores. Asume que el trabajo planificado es realizable, que suponga esfuerzo y que te acerque al siguiente escalón para seguir mejorando. Escríbelos y compártelos, ganarás en tu compromiso hacia ellos. Si es un equipo, haz partícipes a todos de su elaboración; tu eres el responsable pero no puedes esperar la implicación de todos si no se sienten integrantes del conjunto.
  • Hazlo divertido. El enfoque lúdico se hace indispensable en las nuevas tendencias. Incorpora juegos y actividades motivadoras en tu planificación. Cuando el trabajo que realizamos nos gusta y entretiene nos implicamos más, y los resultados que obtenemos, son mejores.
  • Busca una motivación añadida. El para qué estás aquí y qué es “eso” que te lleva a ponerte en movimiento. Seguro que si lo piensas bien hay algo más por lo que quieres conseguir lo que te propones. Escríbelo y déjalo a la vista. En los momentos “de bajón” será lo que te impulse a seguir adelante.
  • Aplica nuevas técnicas. La meditación, el yoga o el taichi no son incompatibles con tu actividad; mas bien es todo lo contrario. Ahora y durante la temporada pueden ayudarte a mejorar tanto en tí como en tus deportistas la relajación, la respiración y la concentración. La toma de conciencia que estas técnicas trabajan es indispensable para formar deportistas completos y equilibrados.
  • Aprovecha las nuevas tecnologías. En la actualidad tienes acceso a cientos de recursos gratuitos tanto en la red como en software y gadgets para dispositivos móviles. Investiga y haz uso de aquellos recursos que faciliten tu trabajo y te permitan registrar, analizar y comparar tus avances.
  • Lo emocional es importante. Aunque suele quedar en segundo plano o a veces resulta inexistente, piensa por un momento ¿quién crees que rinde más: alguien feliz o alguien triste y desmotivado? Nuestro nivel deportivo al contrario de lo que se piensa va muy en consonancia con nuestro nivel emocional. Son pocos los profesionales que tienen la capacidad de discernir entre lo deportivo y lo personal o profesional. ¿Qué tal si nos preocupamos un poco más por nuestra felicidad y la de nuestros deportistas?
  • Busca ayuda. No te conformes con lo que sabes o crees que sabes. En ocasiones podemos precisar del asesoramiento y apoyo de profesionales que pueden aportar mucho a nuestro conocimiento y por lo tanto a los resultados que obtendremos. Mira a tu alrededor, seguro habrá alguien dispuesto a ayudarte.
  • Y por último, no pierdas la ilusión. Las cosas no son como empiezan, sino como terminan. Y como ese final depende de tí, sólo sera cuestión de seguir trabajando, y poner en marcha todos los recursos que a veces olvidamos que tenemos para levantarnos una y otra vez.

Bienvenid@ a tu nueva pretemporada, comenzamos en 3… 2… 1…

Felicidad y bienestar: cuestión de equilibrio.

No soy persona de extremos. No me gusta lo mucho ni lo poco, prefiero lo intermedio. Ni todo ni nada, pero sí un poco de todo, y un nada de todo. Como el yin yang. Esa dualidad de extremos que se encuentran en todas las cosas y se complementan entre sí. Así concivo la vida. Así consigo sentirme bien. Y ser más feliz.

En lo equilibrado encuentro resultados, paz y movimiento. Ir de un extremo a suele causarme descontro, o me para en seco. Prefiero fluir en esa línea en la que las fuerzas se complementan y equilibran, y todo discurre de forma más natural. Sin prisa, pero sin pausa.

Uno de los ejemplos que puedo ponerte es el relacionado con esta moda que tanto nos meten por los ojos, la healthy life o vida sana. Una obsesión por la actividad física y las dietas que en su extremo, puede ser tan perjudicial como el no hacer nada. Ni ultramaratones, ni interminables jornadas de sofá y televisión. Ni dieta estricta a base de lechuga, aire y agua, ni un continuo devenir entre restaurantes de comida rápida. Mejor actividad física suave o moderada de forma habitual y una dieta equilibrada, con sus consecuentes caprichos ¡claro que sí! Lo que te digo, cuestión de equilibrio.

Para tu bienestar, tu paz interior, tu estado de ánimo, más de lo mismo: Tiempo para los demás, para compartir, para conversar, para divertirte y desconectar. Y tiempo para tí, para escucharte, para conocerte, para cuidarte, para conectar.

Con el trabajo, ni que decir tiene… no se es más productivo estando mil horas frente al ordenador o en tu puesto de trabajo. Pero tampoco es solución acogerse a la ley del mínimo esfuerzo. Los éxitos requieren trabajo, por supuesto, sin embargo no es necesario que sea desmedido. Es más bien, cuestión de constancia.

Y es que nuestro refranero tiene mucha razón: “Arrancada de caballo, parada de burro”. Si lo piensas, es probablemente el día a día de muchos de nosotros. Querer todo ¡ya!. Y no conseguir nada, ni ahora, ni luego. Por eso, esa búsqueda de continuidad, de compensar fuerzas, trabajo e ilusión, y organizarlas de forma que puedan mantenerse en el tiempo de la forma más prolongada y posible, nos acerca a lo que queremos de un modo más sencillo.

Así que ya sabes. Equilíbrate, planifica, y déjate fluir en el camino. Lo que comienza con idas y venidas de un extremo a otro (error/acierto, penas/alegrías, movimiento/estancamiento) acaba confluyendo en un trayecto mágico llamado vida, convirtíendote en una persona más sabia, más experimentada, y más feliz.

Y si quieres ser de l@s de matrícula de honor, haz caso a lo que dijo Gandhi, “la felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, lo que uno dice, y lo que uno hace, están en armonía.”

Ahí lo dejo…

 

5 momentos al día para ser más FELIZ y VIVIR MEJOR

Publicado en mi antiguo blog y facebook. 3 de febrero de 2011

Tan sólo 5 momentos al día para sentirte mejor. Poco más de 10 minutos repartidos en 24 horas para ser más feliz. Este es mi truco: 5 ocasiones en la que hacer el bien por ti y por los que te rodean. Sin complicaciones, sin efectos secundarios, sin grandes esfuerzos ni físicos ni económicos.

Te propongo simplemente eso, 5 formas de hacer todo más fácil, sin ninguna necesidad más que tú, y las ganas de sentirte bien.

Ahí van mis cinco momentos:

EL MOMENTO CANCIÓN.

Porque cada momento tiene una canción, y porque cada canción nació de un momento especial. Aprovecha un poco de tu tiempo al día para dejarte llevar. Simplemente, siente la música. Canta, salta, descansa, relájate, baila, ríe, siente…

¿Qué banda sonora pondrías a tus momentos más felices?

EL MOMENTO ESPEJO.

No hablo del momento de “mirarse” en el espejo.  Es la ocasión de BUSCARTE.  Adéntrate un poco más en ti, hasta donde habitualmente prefieres no llegar. Nada mejor que mirarnos fijamente a los ojos a nosotros mismos para preguntarnos “¿qué voy a hacer hoy para sentirme mejor?”.

 EL MOMENTO AMOR.

El momento de compartir un beso, una caricia o un abrazo. Es ese instante en el que dices “te quiero”, o “TE QUIERO”, o “Te quieroooooooooo”. Porque hay mil formas de decir te quiero,  y todas son igual de extraordinarias. Porque el amor es tan grande que no se limita a la pareja, ni a la amistad, sino que te sentirás genial si consigues que esté en todas y cada una de las cosas que haces.

La hora de demostrar el sentimiento más grande que existe, ¿no se merece estar en tu vida como mínimo, una vez al día?

EL MOMENTO AYUDA.

Porque no hay mejor forma de ser feliz, que haciendo felices a los demás. Ayuda, acompaña, comparte y brinda a los demás todo lo bueno que hay en ti, porque la reciprocidad existe y pronto ese bien te será devuelto. Yo soy de los que piensa que estoy aquí para cambiar el mundo, para hacer un mundo mejor, eso me hace sentirme útil; ¿me ayudas?

 ¡Y EL MOMENTO SONRISA! 

Porque no encontrarás otra forma mejor de demostrar calma, paz, alegría, comprensión,  y complicidad. Porque cuando no hay palabras, una sonrisa lo es TODO. Y porque además de ser contagiosa sienta bien a cualquier hora del día, al despertar, antes de dormir, o cuando menos te la esperas.

¿Has sonreído ya hoy?

 RECUERDA: Los cinco… ¡cada día!

© Todos los derechos reservados. Reservados para mi, para ti, y para quien los desee. Reservados los derechos de SER FELIZ, DISFRUTAR DE LA VIDA, Y COMPARTIR AMBOS DOS CON LA GENTE QUE QUIERES.

Viajar: la otra educación.

Como ya much@s de vosotr@s sabréis soy MAESTRO de Educación Física, de vocación, y aunque a día de hoy no ejerzo como tal, sigo vinculado a los ámbitos de la Educación y el Deporte gestionando escuelas deportivas.

Mi currículum académico pasa por la educación primaria, secundaria, la diplomatura en Magisterio y un Máster en Gestión Deportiva, además de unos cuantos cursos específicos de temática de lo más variada. Sin embargo, al detenerme y mirar atrás, trato de analizar cuánto de todo eso ha significado mi verdadera educación, y cuanto más lo pienso, más consciente soy de que a medida que avanzaba mi vida estudiantil, mayores eran los contenidos teóricos y académicos, y menor todo lo educativo.

Obviamente los conocimientos son necesarios, pero no entiendo una educación sin vivenciar, sin experimentar, sin cuestionamientos, sin autodesarrollo, sin SENTIR. Me atrevería a decir que la verdadera educación, además de en casa por supuesto, la recibí durante la EGB (primaria, para l@s que sois de los nuevos planes de estudios). Durante mis primeros 14 años de vida es donde aprendí a compartir, a escuchar, a esforzarme, a ayudar, a respetar, a valorarme y decidir. A medida que crecía estos valores han ido quedando de lado en mis estudios, y por mucho que lo ponga en los planes, pasé de recibir educación, a recibir simplemente formación.

Por suerte, y tras muchos años vuelvo a ver, a acudir e incluso impartir cursos, jornadas y formaciones, que poco a poco velan por aprendizajes vivenciados, basados en la inteligencia emocional, centrados en esa otra parte del saber que tanto se ha dejado de lado tiempo atrás. Nunca es tarde, y por eso admiro también a aquell@s docentes que trabajan y luchan por hacer de la educación formal algo distinto, adaptado al presente, y no apostando por un currículo que poco a poco estaba dejando como trataron de enseñarme hace ya más de diez años, abierto y flexible. Bravo por ell@s.

Con el paso de los años uno comienza a decidir su futuro, a encauzar su destino, y a decantarse por aquellas ramas del saber que más le atraen, menos le cuestan, o por desgracia muchas veces, por las que le vienen recomendadas o impuestas por su entorno más cercano. Nuestra mochila de conocimientos se va llenando cada vez más de una información que nos acabará siendo útil en un futuro, o no.

Sin embargo hay una forma de aprender que siempre me ha resultado útil, que me ha ofrecido enseñanzas que de ningún modo son comparables a ningún curso ni formación, es la otra educación, y se llama viajar.

Como veréis mas adelante he tenido la suerte de visitar ya unos cuantos lugares, más o menos cercanos, pero creedme cuando os digo que la distancia es lo de menos. Las excursiones del colegio, los viajes de estudios, las escapadas de fin de semana, el destino no importa cuando nos decidimos a salir de nuestro entorno, abrir nuestra mente y dejarnos empapar por todo aquello que vemos, olemos, escuchamos y sentimos cuando estamos lejos de aquí.

Viajar es experimentar. Es conocer. Es comparar. Es aprender a disfrutar de la diversidad. ¡Cuánto tienen que enseñarnos otras culturas, otras religiones, cuantos entornos y costumbres por descubrir!

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Muro de Berlín. Berín 2007

Viajar no es aprender Historia, es vivirla. Nada como pararse frente a los restos del muro de Berlín para cerrar los ojos y que la mente te transporte en el tiempo para hacerte sentir el miedo, la tensión que allí se vivió. Para que te abandones a la imaginación y seas capaz de escuchar lo que esas paredes quieren contarte. Se experimentan sensaciones que ningún libro puede regalarte. Exactamente igual que lo que uno siente cuando atraviesa la entrada en Auschwitz, indescriptible. ¿Acaso existe mejor modo de conocer lo que ocurrió hace tan sólo unas décadas?

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Cataratas del Niágara. 2010

Viajar te regala vistas y paisajes extraordinarios. Dignos de capturar en la mejor fotografía, en un dibujo, ideales para apresar en la retina y guardarlos para siempre. Entornos que nos demuestran la magnificencia de la naturaleza, o nuestra propia insignificancia. La capacidad del ser humano de crear y construir obras inimaginables para la mayoría de nosotros. Arte para todos los gustos en fachadas, en calles, en museos. Deleite para la vista, recuerdos para el alma.

Torre Eiffel. París 2009

Torre Eiffel. París 2009

Viajar nos permite comparar, empatizar, valorar. Disfrutar (o sufrir) otros ritmos de vida. Acercarnos a lo que sentimos lejos, o alejarnos de lo que no queremos y sin embargo tenemos tan cerca. Viajar nos ayuda a entender, que no todo el mundo es como tu o como yo, y que en eso mismo radica la grandeza del ser humano. Viajar nos demuestra que en el fondo, seamos de donde seamos, y vengamos de donde vengamos, no somos tan diferentes.

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Nueva York. 2010

Y viajar, sobre todo, nos permite experimentar. Cultivar el desarrollo de nuestros sentidos. Embriagarnos de olores, acariciar texturas, perdernos en sonidos inigualables, regalar sabores a nuestro paladar… Aprender que más o menos cerca de aquí, existen muchas cosas por vivir.

Thailandia 2013

Thailandia 2013

Así que, sin que sirva de nada, mi consejo es que hagas las maletas y veas lo que hay más allá de tus fronteras. En la medida de tus posibilidades, lo que tu tiempo o economía te permitan. Una vez comiences te aseguro que no podrás parar, y el tiempo y el dinero serán cada vez menos problema, porque lo que aprendes viajando, no lo aprendes de ningún otro modo, y eso… eso no está pagado.

Viajar es la oportunidad perfecta para disfrutar, para aprender, para deshacerte de tus miedos y creencias, para salir de tu zona de confort y regalarte experiencias únicas. Viajar es la otra educación.

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Frankfurt 2010

¡Ah! Y si ahora no es tu momento, por lo que sea, no te preocupes, porque llegará. Mientras tanto, disfruta de otra forma de viajar, más barata e igual de interesante e intensa si das con el libro adecuado. Porque leer, también es aprender. Desde la cama, el sofá o un sillón, cada página se convierte en el mejor viaje que puede regalarte tu imaginación.

HABLEMOS DE AUTOFOTOS

3215880010_b06cf47a44_bDe autofotos. Que no de selfies. Me declaro supermegahiperfan de las autofotos; de los selfies también, pero menos.

A estas alturas probablemente todos sabréis lo que es un selfie, pero ¿crees que el selfie nació así, de la noche a la mañana? ¡Pues no!

El selfie que conoces, tan de moda, tan fácil de hacer con la pantalla vuelta para ti, con la cámara delantera del teléfono o con el “palo selfie” tiene sus orígenes en técnicas fotográficas mucho más complejas. Algun@s hace años que ya nos hacíamos autofotos, y no autofotos cualquiera.

De mi señor padre, entre otras muchas cosas, heredé la afición por la fotografía, un arte que además de técnica y creatividad, requiere de millones de capturas, fallos y experimentos. Así que desde hace años trato de ir acompañado siempre que puedo de una cámara de fotos (compacta, réflex analógica o digital, desde hace poco una instantánea… ¡la que sea!).

Entre muchos de esos intentos, varios han sido, como supongo que también habrás hecho, autofotografiarme enfocándome ante el espejo. Primera variedad de autofoto en la que, a medida que el artista estime conveniente, puede aumentarse la creatividad de la captura, buscando distintos ángulos, iluminaciones o reflejos en cualquier lugar.

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Autofoto con mi sister posando en el reflejo. Por cierto, ella también ha heredado la afición por la fotografía, tanto que hace tiempo que me echó por delante. Por si queréis verlo… http://phototras.blogspot.com.es

Yo creo que ese probablemente sea el embrión de los actuales selfies ante el espejo del baño o del ascensor. Es la técnica de ensalzamiento del ego, con alto componente choni/cani que a veces pierde definición debido al inadecuado uso del flash. De todos modos, no todos los selfies ante el espejo son así, lo reconozco. Y hay un par de ejemplos en el mundo de la moda que pueden demostrar que los selfies ante el espejo pueden ser de gran utilidad:

Ejemplo 1: Porque ahora no necesitas ir de compra con tus amigas. Basta  con meterte al probador, móvil y perchas en mano para, a través de Whatsapp, tener opinión en tiempo real de cómo te quedan todas y cada una de las prendas que has elegido.

Ejemplo 2: no sabes que ponerte, abres Instagram/Twitter, y basta con realizar una búsqueda tal que #ootd (outfit of the day) para que te aparezca la famosa, blogger o víctim fashion de turno frente al espejo de su habitación/baño/ascensor/portal mostrando su modelito del día y convirtiéndose en segundos en la inspiración que necesitabas.

Así que ya ves. No todos los selfies son tan malos 😛

Y desde aquí, desde mi pequeño rincón de pensar, escribir y compartir, quiero reivindicar el valor y la importancia de la autofoto primitiva. Y ya no sólo de la autofoto individual, si no de la autofoto con gente, la autofoto grupal. ¡Eso si es todo un arte!

Os aseguro que lo es, porque me ha llevado tiempo acostumbrarme a los distintos angulares de las cámaras que he ido utilizando. Porque aquí alargar el brazo buscando el ángulo correcto se hace más complejo, y porque tiene la dificultad añadida de no ver en la pantallita si has cortado una oreja, un flequillo o una cara entera.

Hacerte una autofoto con alguien de la manera tradicional requiere una técnica depurada. Precisa brazos largos y fuertes, por una parte para llegar bien lejos con la cámara abriendo el encuadre y sin que se te caiga, y por otro para abrazar hacia ti al resto de persona/s que va/van a ser fotografiada/s. (El truco de pegar las caras mejilla con mejilla es válido tanto para la autofoto grupal como para los actuales selfies colectivos). Además, y como en cualquier otra fotografía al uso, precisa de bonitas sonrisas frente al objetivo, ojos resistentes al flash, y la coordinación para estar preparados mediante la mágica palabra “patata” o en su defecto “luiiiiiissss”.

Aquí algunos ejemplos:

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Como podéis apreciar, tras algo de práctica, y unas cuantas noches de celebraciones varias :D, se convierte en un gesto bastante fácil de realizar. Lo más difícil, de verdad, es encontrar, tener y mantener cerca a las personas especiales que hacen de la instantánea algo único e irrepetible.

Pero aun así, y a pesar de llevar avanzado un buen cacho de este post, para mi, la verdadera importancia de este tipo de selfies, autofotos, o como quieras llamarlos, va mucho más allá.

Y es que pasa como cualquier fotografía; que es la forma perfecta de capturar y congelar para siempre un instante, y repito, para siempre. Se vuelve más especial porque lo haces junto a alguien, muy de cerca, y sin darte cuenta quedan impregnados sobre la película (viva la fotografía analógica y en su defecto las copias de las digitales en papel) un millón de sentimientos, de olores, sabores y recuerdos, que renacerán de un interior cada vez que te pares a disfrutar de ella.

Por eso te pedí a principio de año un selfie, y por eso no quiero que acabe 2015 sin que nos lo hayamos tomado, porque eso significará que hemos compartido un instante inolvidable junto@s.

Y por todo eso reivindico la autofoto, porque cada vez que echo la mirada atrás, y me regalo el tiempo de disfrutar las que voy rescatando de cámaras, álbumes y discos duros, me doy cuenta de cuántos momentos especiales me ha regalado la vida, y sobre de lo especiales que son las maravillosas personas que las comparten conmigo.

Ala, y para acabar, como muestras, botones.

Moros 09 008

Por los que están, confían, comparten y ayudan. Por esos que hacen una fiesta del plan más aburrido. Por los que no están bien de la cabeza.

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Por las amigas de la que es más que mi amiga (y mías). Por sus me gusta, su reconocimiento, su amor hacia mi Candela y por el cariño y vocación en lo que hace día a día.

2010

Por los que llegaron un día para quedarse para siempre. Esos que comparten contigo lo mejor y le dan la cualidad de insuperable. Por los viajes, los planes, los días de shopping y los conciertos.

concierto julia 2011

Por aquellas donde la mezcla entre locura y ternura se funden sin más. Porque no importa la distancia ni el tiempo cuando te encuentras y todo es igual que siempre.

londres 2007

Por las que estuvieron, nos dieron tanto, y se fueron sin más, dejando tras de si un halo de ilusión, planes y felicidad, que otros viviremos siempre en su honor.

thailandia 2013

Por ella. Por Julia. Compañera de tanto y más. Por lugares visitados y por visitar. Por planes hechos y por cumplir. Por estar y ser, conmigo.

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Por momentos como el de hoy. Sencillos y a la vez tan grandes. Donde se reúnen familia, amigos, deporte, admiración, superación, orgullo y felicidad.

Y por supuesto, por muchos más momentos contigo. Por los que hemos tenido y olvidé o no pude poner aquí porque no encontré. Por los que nos quedan por crear. Por los que nos quedan por vivir. Por los que nos quedan por recordar.