Ayer me quedé dormido.

Así, tal cual lo lees. Sopa. Roque. En el sofá y con el portátil sobre las piernas. Esperando a las musas de la inspiración.

Ayer me pasó eso de “cuanto más duermes, más quieres”, y no tuve suficiente con haberme levantado un par de horas más tarde de lo habitual, ni haber echado media horita de siesta. Ayer me dormí, y no hubo post de las 23:59 de los domingos.

La inspiración sigue sin llegar, y no por falta de contenidos, porque ¡anda que no hago cosas al día que podría contaros!, pero son a tal ritmo, que apenas me da tiempo a digerirlos. Cada día se convierte en una sucesión de planes, obligaciones, imprevistos y quehaceres que cuando llegan las 12 de la noche dices ¿ya?

Y es que no se si os ha pasado alguna vez eso de sentir que le faltan horas a vuestro día. Porque ¿cuándo leo? ¿cuándo paseo? ¿de dónde saco dos horitas más para estar con Julia y Candela? ¡Hoy no me da tiempo a entrenar!

Probablemente sea un error en mi planificación, y os aseguro que desde ya, estoy dándole vueltas al coco, para dar un giro a esto.

Creo que es común con much@s de vosotr@s eso de llegar exahustos a las últimas horas del día. A veces descuidando a los que más tenemos cerca, y a veces olvidándonos de nosotr@s mism@s. Y eso, no ayuda; ni a nosotros, ni a los que más queremos.

Así que dicho y hecho. El despertador media hora antes cada mañana. La siesta (si es que la hay), con alarma a los 20 minutos. La tele, cuanto más tiempo apagada, mejor. Los planes, sobre el papel, que así uno se obliga más. Y el post de hoy, más cortito 😉

Ale, a robarle minutos al día.

¡Feliz semana!

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