TIME TO CHANGE

Acabo de darme un homenaje. Y en toda regla.

Todo un surtido de calorías, gases y colesterol acumulados en uno de esos menús de burguer, bebida y patatas. Y por si fuese poco, un helado de postre; nata y chocolate. ¡Una bomba metabólica!

Y es que la de hoy era una cena especial, de esas de despedida que anuncian cambios. Hoy era una cena de punto y aparte en mi alimentación, en mi forma de cuidarme. Hoy ha sido una cena de esas de saboréalo despacio, porque tardarás muuuucho tiempo en que tus papilas gustativas se vuelvan a encontrar con algo así.

No es una decisión ni extrema, ni radical. Pero si meditada, con el convencimiento de saber que en el término medio están los ideales y que ha llegado el momento de cambiar.

Para l@s curios@s que os preguntáis por qué: simplemente porque aprecio mucho lo que tengo. Soy feliz con mi familia, mi trabajo, mis amigos, mis hobbies… Porque quiero a mi gente y mi vida. Y porque hay un factor indispensable para que pueda seguir siendo así, y es mi salud. Es sentirme bien, es volver a confiar en mis fuerzas, es recuperar esa sensación de poder acabar un día y volver a empezar otro diciendo: ¡no me duele nada!

Los años pasan (para mi esta semana uno más), y nuestro cuerpo deja de ser lo que siempre había sido, y llega el momento en el que te planteas, que quieres seguir disfrutando todo lo que tienes, por mucho, mucho tiempo. Y además estas seguro de querer hacerlo en las mejores condiciones posibles.

Si me permitís el consejo, no esperéis a que os sorprenda una enfermedad, ni os veáis inmersos en un grave suceso para valorar las cosas un poco más. Yo no pienso hacerlo. Primero porque si han de llegar, vendrán sin avisar, y prefiero estar fuerte (por dentro y por fuera) para afrontarlas. Y segundo porque si soy de los afortunados que transcurre por la vida sin recibir uno de esos palos, quiero hacerlo por muchos años sin que mi cuerpo me acabe echando en cara lo que hice años atrás.

Y repito, no es algo radical. Quizá no sea lo más afín a vuestra percepción de carpe diem, pero para mí lo es. Porque los excesos están permitidos, pero no si se hace de ellos una costumbre, pues pasan a formar parte de nuestro estilo de vida. Y ese, no es precisamente el que quiero. Yo quiero el carpe diem de celebrar a diario que estoy aquí. De compartirlo. De saborearlo.

Así que hoy he dado el paso de seguir cambiando. De correr más. De comer mejor. De leer más, de descansar mejor. De vivir más. De vivir mejor. Por eso mi cena de despedida.

Y por si fuese poco ha sido cena de celebración de doble felicidad; porque este cambio no sólo está presente en mi. Está en personas de mi entorno más cercano, el de esa gente que quiero. Está en casa, con el ejercicio y la alimentación, con el descanso, con el juego incansable y la diversión infinita que nos aporta esa pequeñaja de sonrisa inagotable.

Y está en mis amig@s, que esta mañana se han superado de nuevo, que ya cuentan en sus piernas y espaldas con veintiún kilómetros y pico más, y que esta noche tacharán su triunfo en la lista de sueños cumplidos antes de dormir felices y orgullos@s, como yo lo estoy de ell@s. ¡Enhorabuena a tod@s!

Time to change. Time to live. Time to feel good.

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