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Felicidad y bienestar: cuestión de equilibrio.

No soy persona de extremos. No me gusta lo mucho ni lo poco, prefiero lo intermedio. Ni todo ni nada, pero sí un poco de todo, y un nada de todo. Como el yin yang. Esa dualidad de extremos que se encuentran en todas las cosas y se complementan entre sí. Así concivo la vida. Así consigo sentirme bien. Y ser más feliz.

En lo equilibrado encuentro resultados, paz y movimiento. Ir de un extremo a suele causarme descontro, o me para en seco. Prefiero fluir en esa línea en la que las fuerzas se complementan y equilibran, y todo discurre de forma más natural. Sin prisa, pero sin pausa.

Uno de los ejemplos que puedo ponerte es el relacionado con esta moda que tanto nos meten por los ojos, la healthy life o vida sana. Una obsesión por la actividad física y las dietas que en su extremo, puede ser tan perjudicial como el no hacer nada. Ni ultramaratones, ni interminables jornadas de sofá y televisión. Ni dieta estricta a base de lechuga, aire y agua, ni un continuo devenir entre restaurantes de comida rápida. Mejor actividad física suave o moderada de forma habitual y una dieta equilibrada, con sus consecuentes caprichos ¡claro que sí! Lo que te digo, cuestión de equilibrio.

Para tu bienestar, tu paz interior, tu estado de ánimo, más de lo mismo: Tiempo para los demás, para compartir, para conversar, para divertirte y desconectar. Y tiempo para tí, para escucharte, para conocerte, para cuidarte, para conectar.

Con el trabajo, ni que decir tiene… no se es más productivo estando mil horas frente al ordenador o en tu puesto de trabajo. Pero tampoco es solución acogerse a la ley del mínimo esfuerzo. Los éxitos requieren trabajo, por supuesto, sin embargo no es necesario que sea desmedido. Es más bien, cuestión de constancia.

Y es que nuestro refranero tiene mucha razón: “Arrancada de caballo, parada de burro”. Si lo piensas, es probablemente el día a día de muchos de nosotros. Querer todo ¡ya!. Y no conseguir nada, ni ahora, ni luego. Por eso, esa búsqueda de continuidad, de compensar fuerzas, trabajo e ilusión, y organizarlas de forma que puedan mantenerse en el tiempo de la forma más prolongada y posible, nos acerca a lo que queremos de un modo más sencillo.

Así que ya sabes. Equilíbrate, planifica, y déjate fluir en el camino. Lo que comienza con idas y venidas de un extremo a otro (error/acierto, penas/alegrías, movimiento/estancamiento) acaba confluyendo en un trayecto mágico llamado vida, convirtíendote en una persona más sabia, más experimentada, y más feliz.

Y si quieres ser de l@s de matrícula de honor, haz caso a lo que dijo Gandhi, “la felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, lo que uno dice, y lo que uno hace, están en armonía.”

Ahí lo dejo…

 

5 momentos al día para ser más FELIZ y VIVIR MEJOR

Publicado en mi antiguo blog y facebook. 3 de febrero de 2011

Tan sólo 5 momentos al día para sentirte mejor. Poco más de 10 minutos repartidos en 24 horas para ser más feliz. Este es mi truco: 5 ocasiones en la que hacer el bien por ti y por los que te rodean. Sin complicaciones, sin efectos secundarios, sin grandes esfuerzos ni físicos ni económicos.

Te propongo simplemente eso, 5 formas de hacer todo más fácil, sin ninguna necesidad más que tú, y las ganas de sentirte bien.

Ahí van mis cinco momentos:

EL MOMENTO CANCIÓN.

Porque cada momento tiene una canción, y porque cada canción nació de un momento especial. Aprovecha un poco de tu tiempo al día para dejarte llevar. Simplemente, siente la música. Canta, salta, descansa, relájate, baila, ríe, siente…

¿Qué banda sonora pondrías a tus momentos más felices?

EL MOMENTO ESPEJO.

No hablo del momento de “mirarse” en el espejo.  Es la ocasión de BUSCARTE.  Adéntrate un poco más en ti, hasta donde habitualmente prefieres no llegar. Nada mejor que mirarnos fijamente a los ojos a nosotros mismos para preguntarnos “¿qué voy a hacer hoy para sentirme mejor?”.

 EL MOMENTO AMOR.

El momento de compartir un beso, una caricia o un abrazo. Es ese instante en el que dices “te quiero”, o “TE QUIERO”, o “Te quieroooooooooo”. Porque hay mil formas de decir te quiero,  y todas son igual de extraordinarias. Porque el amor es tan grande que no se limita a la pareja, ni a la amistad, sino que te sentirás genial si consigues que esté en todas y cada una de las cosas que haces.

La hora de demostrar el sentimiento más grande que existe, ¿no se merece estar en tu vida como mínimo, una vez al día?

EL MOMENTO AYUDA.

Porque no hay mejor forma de ser feliz, que haciendo felices a los demás. Ayuda, acompaña, comparte y brinda a los demás todo lo bueno que hay en ti, porque la reciprocidad existe y pronto ese bien te será devuelto. Yo soy de los que piensa que estoy aquí para cambiar el mundo, para hacer un mundo mejor, eso me hace sentirme útil; ¿me ayudas?

 ¡Y EL MOMENTO SONRISA! 

Porque no encontrarás otra forma mejor de demostrar calma, paz, alegría, comprensión,  y complicidad. Porque cuando no hay palabras, una sonrisa lo es TODO. Y porque además de ser contagiosa sienta bien a cualquier hora del día, al despertar, antes de dormir, o cuando menos te la esperas.

¿Has sonreído ya hoy?

 RECUERDA: Los cinco… ¡cada día!

© Todos los derechos reservados. Reservados para mi, para ti, y para quien los desee. Reservados los derechos de SER FELIZ, DISFRUTAR DE LA VIDA, Y COMPARTIR AMBOS DOS CON LA GENTE QUE QUIERES.

Viajar: la otra educación.

Como ya much@s de vosotr@s sabréis soy MAESTRO de Educación Física, de vocación, y aunque a día de hoy no ejerzo como tal, sigo vinculado a los ámbitos de la Educación y el Deporte gestionando escuelas deportivas.

Mi currículum académico pasa por la educación primaria, secundaria, la diplomatura en Magisterio y un Máster en Gestión Deportiva, además de unos cuantos cursos específicos de temática de lo más variada. Sin embargo, al detenerme y mirar atrás, trato de analizar cuánto de todo eso ha significado mi verdadera educación, y cuanto más lo pienso, más consciente soy de que a medida que avanzaba mi vida estudiantil, mayores eran los contenidos teóricos y académicos, y menor todo lo educativo.

Obviamente los conocimientos son necesarios, pero no entiendo una educación sin vivenciar, sin experimentar, sin cuestionamientos, sin autodesarrollo, sin SENTIR. Me atrevería a decir que la verdadera educación, además de en casa por supuesto, la recibí durante la EGB (primaria, para l@s que sois de los nuevos planes de estudios). Durante mis primeros 14 años de vida es donde aprendí a compartir, a escuchar, a esforzarme, a ayudar, a respetar, a valorarme y decidir. A medida que crecía estos valores han ido quedando de lado en mis estudios, y por mucho que lo ponga en los planes, pasé de recibir educación, a recibir simplemente formación.

Por suerte, y tras muchos años vuelvo a ver, a acudir e incluso impartir cursos, jornadas y formaciones, que poco a poco velan por aprendizajes vivenciados, basados en la inteligencia emocional, centrados en esa otra parte del saber que tanto se ha dejado de lado tiempo atrás. Nunca es tarde, y por eso admiro también a aquell@s docentes que trabajan y luchan por hacer de la educación formal algo distinto, adaptado al presente, y no apostando por un currículo que poco a poco estaba dejando como trataron de enseñarme hace ya más de diez años, abierto y flexible. Bravo por ell@s.

Con el paso de los años uno comienza a decidir su futuro, a encauzar su destino, y a decantarse por aquellas ramas del saber que más le atraen, menos le cuestan, o por desgracia muchas veces, por las que le vienen recomendadas o impuestas por su entorno más cercano. Nuestra mochila de conocimientos se va llenando cada vez más de una información que nos acabará siendo útil en un futuro, o no.

Sin embargo hay una forma de aprender que siempre me ha resultado útil, que me ha ofrecido enseñanzas que de ningún modo son comparables a ningún curso ni formación, es la otra educación, y se llama viajar.

Como veréis mas adelante he tenido la suerte de visitar ya unos cuantos lugares, más o menos cercanos, pero creedme cuando os digo que la distancia es lo de menos. Las excursiones del colegio, los viajes de estudios, las escapadas de fin de semana, el destino no importa cuando nos decidimos a salir de nuestro entorno, abrir nuestra mente y dejarnos empapar por todo aquello que vemos, olemos, escuchamos y sentimos cuando estamos lejos de aquí.

Viajar es experimentar. Es conocer. Es comparar. Es aprender a disfrutar de la diversidad. ¡Cuánto tienen que enseñarnos otras culturas, otras religiones, cuantos entornos y costumbres por descubrir!

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Muro de Berlín. Berín 2007

Viajar no es aprender Historia, es vivirla. Nada como pararse frente a los restos del muro de Berlín para cerrar los ojos y que la mente te transporte en el tiempo para hacerte sentir el miedo, la tensión que allí se vivió. Para que te abandones a la imaginación y seas capaz de escuchar lo que esas paredes quieren contarte. Se experimentan sensaciones que ningún libro puede regalarte. Exactamente igual que lo que uno siente cuando atraviesa la entrada en Auschwitz, indescriptible. ¿Acaso existe mejor modo de conocer lo que ocurrió hace tan sólo unas décadas?

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Cataratas del Niágara. 2010

Viajar te regala vistas y paisajes extraordinarios. Dignos de capturar en la mejor fotografía, en un dibujo, ideales para apresar en la retina y guardarlos para siempre. Entornos que nos demuestran la magnificencia de la naturaleza, o nuestra propia insignificancia. La capacidad del ser humano de crear y construir obras inimaginables para la mayoría de nosotros. Arte para todos los gustos en fachadas, en calles, en museos. Deleite para la vista, recuerdos para el alma.

Torre Eiffel. París 2009

Torre Eiffel. París 2009

Viajar nos permite comparar, empatizar, valorar. Disfrutar (o sufrir) otros ritmos de vida. Acercarnos a lo que sentimos lejos, o alejarnos de lo que no queremos y sin embargo tenemos tan cerca. Viajar nos ayuda a entender, que no todo el mundo es como tu o como yo, y que en eso mismo radica la grandeza del ser humano. Viajar nos demuestra que en el fondo, seamos de donde seamos, y vengamos de donde vengamos, no somos tan diferentes.

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Nueva York. 2010

Y viajar, sobre todo, nos permite experimentar. Cultivar el desarrollo de nuestros sentidos. Embriagarnos de olores, acariciar texturas, perdernos en sonidos inigualables, regalar sabores a nuestro paladar… Aprender que más o menos cerca de aquí, existen muchas cosas por vivir.

Thailandia 2013

Thailandia 2013

Así que, sin que sirva de nada, mi consejo es que hagas las maletas y veas lo que hay más allá de tus fronteras. En la medida de tus posibilidades, lo que tu tiempo o economía te permitan. Una vez comiences te aseguro que no podrás parar, y el tiempo y el dinero serán cada vez menos problema, porque lo que aprendes viajando, no lo aprendes de ningún otro modo, y eso… eso no está pagado.

Viajar es la oportunidad perfecta para disfrutar, para aprender, para deshacerte de tus miedos y creencias, para salir de tu zona de confort y regalarte experiencias únicas. Viajar es la otra educación.

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Frankfurt 2010

¡Ah! Y si ahora no es tu momento, por lo que sea, no te preocupes, porque llegará. Mientras tanto, disfruta de otra forma de viajar, más barata e igual de interesante e intensa si das con el libro adecuado. Porque leer, también es aprender. Desde la cama, el sofá o un sillón, cada página se convierte en el mejor viaje que puede regalarte tu imaginación.