Viajar: la otra educación.

Como ya much@s de vosotr@s sabréis soy MAESTRO de Educación Física, de vocación, y aunque a día de hoy no ejerzo como tal, sigo vinculado a los ámbitos de la Educación y el Deporte gestionando escuelas deportivas.

Mi currículum académico pasa por la educación primaria, secundaria, la diplomatura en Magisterio y un Máster en Gestión Deportiva, además de unos cuantos cursos específicos de temática de lo más variada. Sin embargo, al detenerme y mirar atrás, trato de analizar cuánto de todo eso ha significado mi verdadera educación, y cuanto más lo pienso, más consciente soy de que a medida que avanzaba mi vida estudiantil, mayores eran los contenidos teóricos y académicos, y menor todo lo educativo.

Obviamente los conocimientos son necesarios, pero no entiendo una educación sin vivenciar, sin experimentar, sin cuestionamientos, sin autodesarrollo, sin SENTIR. Me atrevería a decir que la verdadera educación, además de en casa por supuesto, la recibí durante la EGB (primaria, para l@s que sois de los nuevos planes de estudios). Durante mis primeros 14 años de vida es donde aprendí a compartir, a escuchar, a esforzarme, a ayudar, a respetar, a valorarme y decidir. A medida que crecía estos valores han ido quedando de lado en mis estudios, y por mucho que lo ponga en los planes, pasé de recibir educación, a recibir simplemente formación.

Por suerte, y tras muchos años vuelvo a ver, a acudir e incluso impartir cursos, jornadas y formaciones, que poco a poco velan por aprendizajes vivenciados, basados en la inteligencia emocional, centrados en esa otra parte del saber que tanto se ha dejado de lado tiempo atrás. Nunca es tarde, y por eso admiro también a aquell@s docentes que trabajan y luchan por hacer de la educación formal algo distinto, adaptado al presente, y no apostando por un currículo que poco a poco estaba dejando como trataron de enseñarme hace ya más de diez años, abierto y flexible. Bravo por ell@s.

Con el paso de los años uno comienza a decidir su futuro, a encauzar su destino, y a decantarse por aquellas ramas del saber que más le atraen, menos le cuestan, o por desgracia muchas veces, por las que le vienen recomendadas o impuestas por su entorno más cercano. Nuestra mochila de conocimientos se va llenando cada vez más de una información que nos acabará siendo útil en un futuro, o no.

Sin embargo hay una forma de aprender que siempre me ha resultado útil, que me ha ofrecido enseñanzas que de ningún modo son comparables a ningún curso ni formación, es la otra educación, y se llama viajar.

Como veréis mas adelante he tenido la suerte de visitar ya unos cuantos lugares, más o menos cercanos, pero creedme cuando os digo que la distancia es lo de menos. Las excursiones del colegio, los viajes de estudios, las escapadas de fin de semana, el destino no importa cuando nos decidimos a salir de nuestro entorno, abrir nuestra mente y dejarnos empapar por todo aquello que vemos, olemos, escuchamos y sentimos cuando estamos lejos de aquí.

Viajar es experimentar. Es conocer. Es comparar. Es aprender a disfrutar de la diversidad. ¡Cuánto tienen que enseñarnos otras culturas, otras religiones, cuantos entornos y costumbres por descubrir!

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Muro de Berlín. Berín 2007

Viajar no es aprender Historia, es vivirla. Nada como pararse frente a los restos del muro de Berlín para cerrar los ojos y que la mente te transporte en el tiempo para hacerte sentir el miedo, la tensión que allí se vivió. Para que te abandones a la imaginación y seas capaz de escuchar lo que esas paredes quieren contarte. Se experimentan sensaciones que ningún libro puede regalarte. Exactamente igual que lo que uno siente cuando atraviesa la entrada en Auschwitz, indescriptible. ¿Acaso existe mejor modo de conocer lo que ocurrió hace tan sólo unas décadas?

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Cataratas del Niágara. 2010

Viajar te regala vistas y paisajes extraordinarios. Dignos de capturar en la mejor fotografía, en un dibujo, ideales para apresar en la retina y guardarlos para siempre. Entornos que nos demuestran la magnificencia de la naturaleza, o nuestra propia insignificancia. La capacidad del ser humano de crear y construir obras inimaginables para la mayoría de nosotros. Arte para todos los gustos en fachadas, en calles, en museos. Deleite para la vista, recuerdos para el alma.

Torre Eiffel. París 2009

Torre Eiffel. París 2009

Viajar nos permite comparar, empatizar, valorar. Disfrutar (o sufrir) otros ritmos de vida. Acercarnos a lo que sentimos lejos, o alejarnos de lo que no queremos y sin embargo tenemos tan cerca. Viajar nos ayuda a entender, que no todo el mundo es como tu o como yo, y que en eso mismo radica la grandeza del ser humano. Viajar nos demuestra que en el fondo, seamos de donde seamos, y vengamos de donde vengamos, no somos tan diferentes.

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Nueva York. 2010

Y viajar, sobre todo, nos permite experimentar. Cultivar el desarrollo de nuestros sentidos. Embriagarnos de olores, acariciar texturas, perdernos en sonidos inigualables, regalar sabores a nuestro paladar… Aprender que más o menos cerca de aquí, existen muchas cosas por vivir.

Thailandia 2013

Thailandia 2013

Así que, sin que sirva de nada, mi consejo es que hagas las maletas y veas lo que hay más allá de tus fronteras. En la medida de tus posibilidades, lo que tu tiempo o economía te permitan. Una vez comiences te aseguro que no podrás parar, y el tiempo y el dinero serán cada vez menos problema, porque lo que aprendes viajando, no lo aprendes de ningún otro modo, y eso… eso no está pagado.

Viajar es la oportunidad perfecta para disfrutar, para aprender, para deshacerte de tus miedos y creencias, para salir de tu zona de confort y regalarte experiencias únicas. Viajar es la otra educación.

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Frankfurt 2010

¡Ah! Y si ahora no es tu momento, por lo que sea, no te preocupes, porque llegará. Mientras tanto, disfruta de otra forma de viajar, más barata e igual de interesante e intensa si das con el libro adecuado. Porque leer, también es aprender. Desde la cama, el sofá o un sillón, cada página se convierte en el mejor viaje que puede regalarte tu imaginación.

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