Ocho semanas

Hoy (martes 10 de mayo) se cumplen ocho semanas que estoy de baja. Sin contar las semanas previas de molestias y diagnósticos erróneos. Prácticamente dos meses sin apenas poder moverme de la cama, saliendo de casa únicamente para visitar médicos y hacerme pruebas. Una hernia que ha parado mi ritmo de vida de golpe, y que por el momento no parece querer devolvérmelo.

Ayer, y hoy otro ratito, he tenido la oportunidad por fin de salir a la calle. Ahora ya puedo dar algunos pasos y aguanto sentado, con lo que a la mínima he aprovechado para ver por fin la luz del sol. En esas pocas horas fuera de casa he coincido con personas a las que quiero y aprecio, y al fijarme en sus miradas al verme, con sus reacciones, sus preguntas y su preocupación he tomado rápidamente consciencia del tiempo que llevo aquí, aislado, parado, desconectado de “mi vida real”. El tiempo parecía tener otra dimensión, ahora entiendo eso de no saber en qué día vives, el continuo día de la marmota. Qué difícil es seguir adelante cuando te levantas y “siempre es lo mismo”. El dolor, no ayuda. Pero si lo hacen las llamadas, las visitas, el cariño y el amor que uno recibe, ¡todo eso da vida!

Tiempo, mucho tiempo ya, que me está sirviendo para conocerme más, para ser más paciente, para aprender, desconectar, valorar y ver todo desde otra perspectiva. Me ha costado darme cuenta que no es “una lesión más”, que duele, que te inhabilita hasta para lo más tonto de tu día a día, y que ni siquiera a día de hoy sabemos hasta cuando estaré así.

Sin embargo ¿sabéis que? Sé que volveré a correr. Y a subir a la sierra. Y a montar en bici. ¿Y por qué no? A esquiar. Van a ser mis retos. Sé que aquí no acaba nada, que esto es una prueba más para demostrarme que soy capaz de superarme. Sé que es una señal de la vida que dice “cuídate más”, y pienso hacerle caso. Porque tengo ilusión y ganas de recuperarme; porque si la infiltración no es suficiente valoraremos más opciones; porque tengo ganas de ponerme en manos de mi fisio, meterme en la piscina y nadar, y seguir aprendiendo a soportar la molestia a cada paso, hasta que le gane la batalla y todo vuelva a su sitio. No tengo prisa, pero si GANAS. Y con ganas, siempre ganas 😜

Si alguna vez has pasado por algo así, sabrás de lo que hablo. Si no lo has hecho, deseo que no llegues a tener que vivirlo. Y si lo estás sufriendo ahora mismo, esto, o cualquier otra cosa similar, permíteme darte un consejo, el mismo que yo me aplico, y el que tan bien me funciona:

Al escuchar a esa gente que llevaba tiempo sin verme, atendiendo a sus voces, fijándome en sus miradas, he descubierto además de cariño, preocupación, interés, compasión e incluso pena. Por supuesto también ánimos y alegría, y optimismo, pero quiero pararme en lo anterior. Porque todo eso ha chocado con mi percepción, y no creo que sea por desconocimiento o autoengaño por mi parte; pues sé cuál es mi lesión, conozco su gravedad y lo duro que es; soy realista. Sin embargo, ante todo eso que no puedo elegir, hay algo en lo que sí tengo voz y voto, y es mi ACTITUD. Y mi actitud no es otra que la de seguir adelante, es la de dar los pasos que pueda mientras el dolor me lo permita, es estirar un poquito más, es esforzarme y dar todo de mí para mañana estar, aunque solo sea, un poco mejor que hoy.

No te rindas, no abandones todavía, porque siempre podemos hacer más, un poquito más.

GRACIAS, de corazón. A todos los que estáis ahí. GRACIAS, de verdad, a los que formáis parte de mi vida y hacéis esto, de verdad, mucho, mucho más FÁCIL.

Nos vemos pronto. En la calle.

Ginés.

2 thoughts on “Ocho semanas

  • Mucho ánimo Ginés!, no sabía nada de tu lesión. Espero que te recuperes pronto, y ya sabes que “todo pasa”…y tu actitud parece que te va a ayudar.
    Un abrazo telemático.

    • Muchas gracias Toni. No te había leído, no se por qué no me había llegado la notificación. Ya estamos en el caminoooo! Un fuerte abrazo y gracias de nuevo!

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