LOS OPIMISTAS TAMBIÉN TENEMOS MALOS DÍAS.

Si, si. Como lo lees. Y no uno ni dos al año, seguramente y creo que no solo hablo por mi, bastantes más. Y nos enfadamos, tenemos problemas, e incluso nuestra paciencia a veces llega a los límites que parece no tener.

Sin embargo hay algo que nos caracteriza; y es que somos fieles a nuestra libertad más primitiva: la libertad de elegir.

Ya lo decía Viktor Frankl: “Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor,siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.”

Es así de sencillo, y de complejo a la vez: a menudo nos encontramos ante situaciones en las que las circunstancias son las que son, y no podemos cambiarlas, pero sí nos queda la opción de cómo afrontarlas, la opción de elegir. Eso nunca nadie podrá arrebatárnoslo.

Así que enhorabuena querid@ amig@, por difícil que te pueda parecer a veces, tu también tienes un gen optimista. Quizá, y digo solo quizá, todavía no haya comenzado a desarrollarse, pero nunca es tarde. Y sólo con un poco de ganas y práctica, podrás disfrutar de él como si hubiese crecido contigo desde el primer día de tu vida.

Ya mismo puedes empezar, si quieres, a replantearte si deseas seguir utilizando tus gafas de siempre, o pasarte a la opti-vista.

Una de las fórmulas que suelo utilizar ante algunos problemas es detenerme a analizar cómo los afrontarían otras personas, cuanto más optimistas, mejor. Seguro que conoces a alguien así. ¿Qué haría? ¿Qué diría? ¿Lo tomaría igual que hago yo? Es poco el tiempo el que uno tarda en darse cuenta que ante determinadas situaciones, esas en las que nada puedes hacer, lo mejor que puedes hacer es precisamente eso, nada. Asimilar que son así y decidir de qué modo queremos digerirlas, afrontarlas o superarlas.

La opti-vista que te propongo no es más que un cambio de perspectiva. Es regalarte unos segundos, unos minutos, unas horas o unos días y mirar los problemas a través de los cristales de tu libertad. Verás que eres capaz de decidir, y verás que todo cambia.

La próxima vez que te encuentres ante una situación que te desborda, tómate tu tiempo para respirar y pensar cómo deseas gestionarla. Muy probablemente encuentres varias opciones muy distintas a la que te planteabas antes de leer estas líneas. Recuerda que es sencillamente, cuestión de práctica.

Y con todo esto, créeme, no trato de convencerte de nada; esto no quita que por ser más optimistas nos vayamos a librar de los problemas, del dolor o de algún que otro enfado. Pero si algo tengo claro es que soy yo quien elige. Al igual que haces tú. Y si hoy decides enfadarte, también estás en tu derecho. No pasa nada. Sólo déjame decirte una última cosa, cuando estés en ese momento de enfado, tristeza o desesperación, pregúntate: ¿de qué me sirve estar así?

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